jardines
La plantación de las gramíneas se hace idealmente en primavera para que desarrollen un sistema radicular fuerte y que puedan afrontar el invierno. Se recomienda preparar el suelo con una labranza para aligerar la textura, incorporando materia orgánica o un fertilizante compuesto. Una vez plantadas se riegan inmediatamente y de manera uniforme, para acelerar el arraigo. El interés estético de las gramíneas reside en las características de sus hojas e inflorescencias, responsables de inusuales experiencias sensoriales asociadas al tacto, al sonido y al movimiento. De la combinación de su cromatismo con la ligereza y movimiento de las hojas, se obtienen complejos efectos visuales que varían según la luz.
Gramineas: otra de sus características es la transparencia de su volumen. La estructura casi etérea de la masa vegetal permite que espigas y hojas se enreden con los rayos de sol a trasluz, produciendo un efecto relajante y refrescante. Como las gramíneas son una planta asociada a la rusticidad puedes crear hermosos jardines de secano con piedras, gravillas, cactáceas y suculentas. En este caso es un buen recurso usar el riego por goteo, para que no crezcan malezas en las zonas de gravilla.
Gramineas: no necesitan mucho riego, soportando largos periodos de sequía y bajas temperaturas, por lo que se adaptan a cualquier medio. Las labores de mantenimiento son sencillas y bastan con una poda al final del invierno, justo antes de iniciar el nuevo ciclo. Apenas requieren abonado, pero el color de las hojas y la vigorosidad de la planta suelen ser indicadores de la necesidad de nitrógeno adicional. En tal caso, cuando la planta retome el crecimiento en primavera, añade una dosis de abono en el agua de riego.
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